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viernes, 31 de mayo de 2013

la noche le es propicia...


Todo fue muy sencillo:
ocurrió que las manos
                                        que ella amaba,
tomaron por sorpresa
su piel y sus cabellos;
                                        que la lengua
descubrió su deleite.
¡Ah! detener el tiempo!
                                        Aunque la historia
tan sólo ha comenzado
y sepa que la noche
                                        le es propicia,
teme que con el alba
continúe su sed
                                        igual que siempre.
Ahora el amor la invade
una vez más. ¡Oh tú
                                        que estás bebiendo!
Apiádate de ella,
su garganta está seca,
                                        ni hablar puede.
Pero escucha su herido,
respira la agonía
                                        de un éxtasis
y el ruego: ¡no te vayas,
no, no te vayas. ¡Quiero
                                        beber yo

Desnudo femenino en sillón (1935), de T.W. Salomon

Es fruto agraz al paladar
y sedoso para los labios
que han conocido su contorno
y percibieron la afluencia.

Ella jugaba aquella noche
cautivada por la ternura
de una voz que a su decisión
sólo dijo: si tú lo quieres...

Ahora le obliga a que la mire,
para que vea lo que es suyo
y lo que luego ha de perder
cuando se aparte de sus ojos

Cubierta delantera La noche le es propicia. Editorial Lumen, 1992.
El punto de partida de La noche le es propicia, libro de poemas de José Agustín Goytisolo, es, parafraseando a Carme Riera, prologuista de la obra, el encuentro fortuito de un hombre y una mujer que durante una sola noche vivirán una pasión catastrófica, interpretando esta palabra en su preciso sentido etimológico. Si en la tradición lírica percibimos normalmente tan sólo la voz del sujeto poético refiriéndose al objeto amoroso, casi siempre una mujer, cuya voz casi nunca se nos hace audible, en La noche le es propicia José Agustín Goytisolo parte de lo contrario. Le interesa la actitud activa de la amante, que es quien protagoniza la acción y elige el compañero. El procedimiento empleado por el poeta alterna entre el narrativo, en que se nos relata el encuentro y el proceso amoroso, y el más lírico y sintético, que no cuenta, sólo canta. Este libró encierra la belleza perenne de unos versos que cantan una historia de amor efímera.

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